Por: Orestes Estrada y Mauricio Merino
La sensibilidad social, la ternura solidaria, la capacidad de análisis, de conocimientos, de pensamiento, el compromiso con la justicia social, la creatividad para producir formas de lucha, resolver problemáticas y enfrentarse a la realidad, la sinceridad, la honestidad, la mística de trabajo y otras tantas cualidades fueron las características a los mejores hijos de este pueblo que lucharon y dieron su vida por una nueva sociedad.
Eran ciertamente seres excepcionales, pero en ese entonces tal excepción se volvió colectiva. Fueron las cualidades predominantes entre la mayoría de compañeros y compañeras que además de luchadores sociales se encontraban comprometidas con una identidad política e ideológica de izquierda donde prevalecía, dominaba bajo el ejemplo concreto, real, palpable el interés colectivo contra el interés personal, y contra este empezó a construirse el desinterés por los intereses personales.
Nada de lujos. Por el contrario, la austeridad y la sencillez marcaban la enorme brecha entre esta clase de izquierda con respecto a la sociedad conservadora de derecha caracterizada por el egoísmo y egocentrismo. Compañeros y compañeras cuyas conductas se entrelazaban profundamente con las condiciones de vida del pueblo. Sufrían con este las mismas vicisitudes y penurias, y sobre todo con su ejemplo y con su lucha daban verdaderas, reales esperanzas de que una nueva sociedad, un nuevo hombre y una nueva mujer enteramente distintos de la existente era posible.
La otra cualidad de esta clase de seres era que con el ejemplo de sus conductas morales y éticas en sus quehaceres políticos y sociales, inyectaban, alentaban el deseo y compromiso de luchar. Ninguno de ellos se creyó un día siendo concejal, siendo alcalde, siendo diputado, siendo funcionario de gobierno. Ni lo pensaron, ni lo desearon.
Esta fue una idea, una noción que jamás se les atravesó por la cabeza. De allí que jamás lo desearan, lo que tampoco significa que quienes hoy lo sean deban ser aborrecidos por serlo, simplemente por ocupar este tipo de cargos, sino por lo que hacen desde esas que deberían de significar trincheras de lucha, fuentes de transformación social, instrumentos y medios de construcción de justicias sociales, de experiencias exitosas y ejemplares de cambios sociales y culturales, económicos y políticos.
La conducta anterior de aquel contingente fue lo que hizo enteramente opuesta a toda experiencia, toda identidad de izquierda anterior ―excepto a las gestas previas y durante 1932―, y que la hace evidente, sustancial, esencial y cualitativamente opuesta al tipo de lo que se hace llamar izquierda en la actualidad una considerable cantidad de militantes de dichas ideas, tanto de la orgánica circunscrita, maniatada al partido fmln como a la inorgánica: izquierda nostálgica y bohémica de cafés y bares, y a la que también es apéndice del fmln por su dependencia de vida atada a las ong´s.
Tales diferencias llevan a una conclusión indiscutible: lo que la actual dirigencia del fmln y sus gentes de las ong´s y otros lugares desconocidos que hoy han arribado a las entidades públicas haciendo alarde de sus incapacidades, sus incompetencias, su mediocridad, su propensión a la corrupción, a los transes turbios, a la holgazanería, a la displicencia, su inclinación por las injusticias laborales ―y por esto sociales―, su apego al mantenimiento, sostenimiento y sustento de las estructuras injustas, hacen ver ante el pueblo la identidad de la izquierda y todo su legado como una vergüenza y como algo cuyos valores y principios jamás ha existido.
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