Nadie cuestiona que la dolarización trajo consigo consecuencias negativas y dañinas para la economía salvadoreña, para la sociedad en todo su conjunto; salvo por supuesto los miembros de la élite politica que la introdujo, la defiende, ellos se han beneficiado. La dolarización fue la preparación del terreno para la destrucción de sectores agro industriales agregado al estimulo de los sectores financieros y comerciales para que se complete el incremento de exportaciones que le son beneficiosos a los sectores económicos que traen mercadería, así como al narcotráfico al poder llevar a cabo dentro del país, el lavado del dinero dentro del sistema bancario nacional.
Antes de la dolarización la producción agrícola nacional podía abastecer la demanda de consumo de granos básicos, hoy día la población salvadoreña se alimenta con productos que vienen del exterior. No es sorpresa que la mayoría de los oligopólicos que abastecen el mercado de productos agrícolas se encuentre en manos de la misma gente que introdujo el dólar como moneda para crear una dependencia económica. La economía salvadoreña mantiene una dependencia monetaria de los Estados Unidos; desde la introducción del dólar hasta hoy día los resultados negativos son para la bolsa de la gente; la frase ganamos en colones y gastamos en dólares se ha convertido en lema para ilustrar lo que en la economía real sucede.
La mayoría de los salvadoreños en gran porcentaje piensan que el regreso del colón es necesario, sin embargo la falta de coraje y voluntad política para enfrentar a las fuerzas económicas que ahora se lucran de la desgracia que hoy sufre la población salvadoreña, es una de las primeras causas por las cuales se mantenga el dólar y la dependencia económica que reduce la capacidad adquisitiva de los sueldos que fueron reducidos al dolarizar la economía salvadoreña.
La frase popular “estamos gastando en dólares, pero ganando en colones” sintetiza diez años de vigencia de la dolarización, una medida inconsulta con los salvadoreños.
Con el pasar de estos diez años es indiscutible que el costo de la vida se elevó. En el 2001 la canasta básica alimentaria en el área urbana costaba casi $129 dólares. Ahora, en el 2010 su precio es cercano a los $182 dólares, un incremento del 40%.
El área rural tampoco escapó a está espiral. En el 2001 la canasta básica costaba $98.57 dólares, ahora cuesta $126.62 dólares, lo que significa un aumento del 28%.
Según el Centro Para la Defensa del Consumidor (CDC), una década el salario real mínimo en el sector de comercio apenas aumentó $11.81 dólares. En 2001 este salario era $88.70 dólares, hoy, es de $100.81 dólares. Se evidencia una desproporción en el poder adquisitivo de la población.
La situación es más crítica en el área rural. En el transcurso de la dolarización, el salario incrementó escasamente $1.41 dólares. Pasó de $45.65 dólares a $47.06 dólares.
Los principales argumentos de la dolarización fueron: aumento de la inversión extranjera, la producción nacional y el empleo, y que al mismo tiempo se reducirían la tasas de interés de los bancos y la inflación.
Ya pasaron varios años y ¿a dónde están los beneficios? Desde que la dolarización se impuso en aquel madrugón legislativo de noviembre de 2000 no se ha meditado, ni reflexionado públicamente sus efectos.
La gente quiere explicaciones a la carestía de la vida, mismas que después de dos lustros no se las proporciona nadie, y algunas personas creen que regresar al colón sería el salvavidas para el alto costo de la vida, pero, otros creen lo contrario.
Datos fríos que explican
Las estadísticas del Ministerio de Economía (MINEC), de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Banco Central de Reserva (BCR) le explicarán a estos ciudadanos y a muchos por qué la dolarización no fue como la vendió el gobierno del ex presidente Francisco Flores (ARENA).
Una de las promesas era que aumentaría la inversión extranjera, ya que al desaparecer el colón las empresas extranjeras no correrían el riesgo de una devaluación de la moneda y sus ganancias serían en dólares.
La fórmula es simple: a mayor inversión extranjera, más fuentes de empleo y mejores ingresos económicos en conceptos de salarios, pero, la realidad es otra.
Datos de la Dirección de Competitividad Empresarial del MINEC, retomados por el articulista de Diario Co Latino, Rigoberto Palma, indican que en el período de 2001 al 2006, la inversión extranjera tuvo escasos ascensos y bruscos descensos y no alcanzó el nivel del año 1998, cuando se privatizó la telefonía, la energía eléctrica y una parte de las pensiones.
Rolando Cáceres es propietario de un cafetín. Hace diez años compraba el quintal de papas a 100 colones. Después de la dolarización, la misma cantidad le cuesta ahora $45 dólares.
Mientras Rolando compra las papas al costo ya mencionado, el “padre de la dolarización” afirma que la tasa de inflación en el país es aceptable y la defiende como logro de las administraciones pasadas.
Rolando ve la situación económica como un espejismo. Compra las materias primas para su negocio a un precio que, antes de la dolarización, nunca se imaginó pagar. Y ahora, cuando reflexiona sobre los costos para mantener su negocio, se sorprende y siente que le han tomado el pelo.
“En lo que gastamos para mantener el negocio se ve poco dinero, pero en realidad es bastante, lo que pasa es que ahora es menor la capacidad de adquisición que tenemos”, así trata de explicar Rolando la situación económica de su negocio, y a lo mejor la de gran mayoría de los salvadoreños.
Esto que vive a diario Rolando se conoce como inflación, es decir, una elevación notable del nivel de precios.
Si se analiza con cabeza fría los datos estadísticos del crecimiento económico del país durante los 10 años de la dolarización, se cae en la cuenta que la medida no le dio salud al Producto Interno Bruto (PIB), más bien, lo ha enfermado al punto de ya no crecer con el dinamismo de años anteriores.
El Presidente del BCR, Carlos Acevedo, dijo que el desempeño macroeconómico con la dolarización “ha sido mediocre”, tanto así que con esta medida en marcha, El Salvador registró el peor crecimiento económico de décadas.
En los 10 años anteriores a la dolarización el crecimiento del PIB rondaba un promedio del 4.6%; ahora, en la última década, fue un poco arriba del 2%.
“En términos macro claramente los beneficios no han sido los esperados. La dolarización se vendió para atraer la inversión con las tasas de interés más baja, y eso no ha pasado en términos de aumento de crédito para inversión, sino, para crédito improductivo de consumo”, explicó Acevedo.
El funcionario se pregunta “¿Qué hubiera pasado sin el dólar?”, al tiempo que responde: “no se sabe con exactitud. Problemas de estructura muy grandes de larga data que, con o sin dólar, estarían: plataforma competitiva del país es débil, baja calidad de la fuerza laboral, problemas de eficiencia en la estructura, temas de inseguridad”.
Una de las reflexiones hechas por Acevedo es que si no se hubiera dolarizado el país crecería a tasas más altas y la situación social sería menos angustiosa de lo que es, y eso, probablemente, atenuaría los problemas con los que se encuentra El Salvador, como el de la inseguridad por mencionar uno de tantos.
Créditos para incentivar el consumismo… ¿y para producir?
Luego de la puesta en marcha de la dolarización, Edwin tuvo mayores facilidades para acceder a un préstamo en el banco, con el que quizás hubiera comprado un carro medianamente lujoso, o hubiese adquirido un juego de sala o una cocina, porque la tasa de interés bajó significativamente.
Pero, no obtuvo nada de lo mencionado porque, aún con esa reducción su situación económica no era la más adecuada para endeudarse.
Según Palma, antes de la dolarización, la tasa de interés que cobraban los bancos por sus préstamos (tasa activa) variaba entre 17% y 20%, de acuerdo al monto del préstamo, el plazo de pago y el tipo de cliente.
Cuando inició la dolarización, los bancos bajaron los intereses hasta 11%, pues ya no tenían el riesgo de devaluación del colón.
“Sin embargo, a diez años de la dolarización, los bancos no le prestan mucho a la gente de escasos y medianos recursos, sino a las empresas, que captan alrededor del 80% del total de créditos”, analiza el articulista, y agrega “es cierto que los préstamos personales aumentaron en estos años, pero se les otorgan a las personas con elevados ingresos.
La rebaja de los intereses ha sido más bien un buen negocio para los empresarios, sobre todo, para los grandes, que son los que califican para recibir préstamos”.
Este escenario es el que plantea Acevedo al afirmar que aumentaron los créditos de consumo improductivo y no los de inversión.
Sostenibilidad económica
Hay sectores en el país que creen que la dolarización le da sostenibilidad económica al país, al punto de defenderla.
El representante del Banco Mundial (BM) en el país, Alberto Leyton, asegura que regresar al colón o que la antigua moneda salvadoreña tenga paridad con la estadounidense, tendría más impactos negativos que positivos.
Tanto así que Leyton no titubeó en decir que si el colón circula nuevamente, los precios de los bienes de consumo y de servicio se redujeran notablemente. El representante del BM aseguró que el proceso de variación de precios al inicio de la dolarización ya pasó, y que el mismo lo absorbió la gente.
“Si hay una expectativa de que volver al colón se reducirán los precios, esa es una expectativa equivocada. La única razón por la cual se recomendaría revisar la dolarización es para ver si el país puede tener una política monetaria más flexible en el futuro, pero, realmente, en estos momentos, eso tendría más costos macroeconómicos que beneficios”, argumentó Leyton.
Falta de estudios serios y profundos
Apología versus crítica férrea. Está dualidad es la que diariamente ven los salvadoreños en los medios de comunicación social, las discusiones no terminan nunca. No obstante, hasta la fecha aún no existen estudios serios que demuestren con datos apegados a la realidad los efectos de la medida monetaria impuesta hace una década.
Por eso, el director ejecutivo de la Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE), Roberto Rubio, sostiene que para analizar dicha problemática es necesario realizar un “estudio a conciencia” de la dolarización.
Rubio considera que no se puede culpar a la moneda norteamericana por las actuales condiciones económicas de los salvadoreños, no obstante, es enfático al declarar que las exportaciones se han vuelto más caras debido a la apreciación del dólar, y que algunos productos han alcanzado la misma carestía que tienen en Estados Unidos, esto sin que los salarios hayan aumentado, como ya se mencionó.
Los dólares seguirán pasando rápidamente en los bolsillos de Carlos, Edwin y Rolando, mientras algunos economistas afirmen que esta medida ha sido exitosa y otros refuten esto, la población de a pie, la que vive y sufre la realidad, seguirá repitiendo una y otra vez “gastamos en dólares, pero ganamos en colones”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario